Al regresar del trabajo todas las tardes paso por una calle en la que piso una larga manguera con mi carro. Todos los días sale el mismo señor, con sandalias y sin camisa, a echarle agua a la calle. Sí, a la calle.
Echarle agua a la calle parece uno de muchos inútiles pasatiempos de nuestra sociedad. Aparentemente, le resulta más atractivo a los viejos, pero un domingo por la tarde puede resultarle completamente imbécil a muchos más.
Escrito por Che 